Este vídeo examina el papel de la «cultura de la cancelación» en la lucha contra la violencia sexual, analizando sus efectos como movilizador y como problema. La movilización en línea puede permitir a algunas víctimas romper el silencio, encontrar apoyo y, en ocasiones, emprender acciones legales. También crean un sentimiento de pertenencia y reconocimiento colectivo, sobre todo en contextos en los que denunciar ha sido invisible durante mucho tiempo.
Pero el vídeo muestra que esta lógica de ostracismo público conlleva graves riesgos. Al ocupar el lugar de los procedimientos judiciales, la cultura de la cancelación está creando una forma de justicia paralela, rápida y emocional, en la que la presunción de inocencia, la búsqueda de la verdad y la posibilidad de reparación están en gran medida ausentes. La viralidad amplifica las acusaciones, mientras que las rectificaciones, desestimaciones o sobreseimientos a menudo permanecen invisibles, produciendo injusticias sociales duraderas.
Basándose en investigaciones sociológicas sobre la «cultura de la reivindicación del victimismo», el vídeo explica cómo esta dinámica refuerza la polarización, la competencia moral y la exclusión, incluso entre los jóvenes y en los círculos educativos, académicos y comunitarios. El ostracismo se convierte entonces en una herramienta de poder más que en un medio de prevención.
Por último, el vídeo nos recuerda que la prevención de la violencia sexual se basa en instituciones sólidas, diálogo, mediación, educación y justicia, y no en la estigmatización o la venganza social. Aunque la cultura de la cancelación puede producir un alivio emocional inmediato, debilita el tejido social y no conduce a la reparación colectiva ni a la prevención duradera de la violencia.