Este vídeo abre una serie dedicada a los límites del uso del teléfono móvil por niños y adolescentes, centrándose en un aspecto poco tratado: la función GPS. Aunque el primer teléfono móvil suele entregarse a los niños en torno a los 10 años, para tranquilizar a los padres y hacer más seguros los desplazamientos, las investigaciones demuestran que esta herramienta no está exenta de efectos en el desarrollo de los niños.
Al principio, el GPS puede facilitar la autonomía al permitir al niño desplazarse por su cuenta. Pero muy rápidamente, puede convertirse en una condición para salir, creando un sistema de vigilancia permanente que dificulta el desarrollo de la confianza en sí mismo. El niño aprende entonces a tranquilizar a sus padres en lugar de sentirse capaz de actuar por sí mismo.
El vídeo subraya la diferencia entre un vínculo digital constante y el vínculo simbólico del apego, esencial para el desarrollo psicológico. Crecer significa poder separarse, experimentar la ausencia y vivir experiencias sin un control constante. Las colonias de vacaciones sin smartphones se presentan como un ejemplo concreto y beneficioso de este proceso de aprendizaje: el niño se adapta rápidamente, mientras que la verdadera dificultad suele estar en los padres.
Por tanto, la cuestión clave no es técnica, sino educativa y emocional. Regular la ansiedad de los padres, aceptar que el niño viva experiencias sin contacto inmediato y reaprender a salir sin ser constantemente rastreado son condiciones esenciales para fomentar la autonomía. De lo contrario, se corre el riesgo de que surjan adolescentes y luego adultos dependientes de la red, incapaces de tolerar el corte o el distanciamiento.