Este vídeo aborda una idea errónea muy extendida: que todos, o casi todos, los autores de violencia sexual fueron a su vez víctimas de violencia sexual durante la infancia. Los datos científicos demuestran que esta afirmación es en gran medida falsa.
Las investigaciones, en particular los metaanálisis internacionales, indican que alrededor del 70 % de los autores de violencia sexual no afirman haber sufrido abusos sexuales en su infancia. Esta proporción se ha mantenido relativamente estable a lo largo del tiempo, a pesar de los cambios en las representaciones sociales y del mayor reconocimiento de la violencia sexual, lo que refuerza la fiabilidad de estos resultados. De todos los delincuentes condenados, alrededor del 35 % declaran haber sufrido abusos sexuales, lo que significa que la mayoría no ha experimentado este tipo específico de trauma.
Entre los autores de actos de violencia sexual contra los niños, la proporción de personas que fueron víctimas en su infancia es más elevada, pero sigue siendo minoritaria: se estima generalmente entre 30 % y 50 % según los estudios, las poblaciones estudiadas y los métodos utilizados. Estas cifras muestran claramente que la transición de víctima a agresor no está determinada automáticamente.
Por otra parte, las investigaciones demuestran que muchos agresores han estado expuestos a otras formas de violencia en la infancia: maltrato físico, maltrato psicológico, abandono o un entorno familiar violento. Estas experiencias pueden debilitar el desarrollo emocional y relacional y constituyen factores de riesgo, aunque no conducen automáticamente a la violencia sexual en la edad adulta.
El vídeo recuerda una distinción esencial: comprender los factores de riesgo no es lo mismo que justificar las acciones. Desde el punto de vista jurídico y moral, cada persona es plenamente responsable de su comportamiento. Una infancia marcada por la violencia no es excusa para actuar, pero debe servir de advertencia sobre la necesidad de una acción preventiva temprana y adecuada.
Por tanto, una prevención eficaz se basa en identificar a los niños expuestos a la violencia, ocuparse de ellos, apoyar a las familias, formar a los profesionales y desarrollar competencias psicosociales. Es interviniendo pronto, mucho antes de que se produzca la violencia, como podemos reducir la violencia sexual a largo plazo.