Este video examina la elección de términos para describir a las personas que han cometido delitos sexuales y muestra cómo estos términos no son neutrales, especialmente en términos de prevención. Compara específicamente el uso común de la palabra "depredador" con las expresiones "autor de un delito sexual" o "autor de violencia sexual".
El término "depredador" evoca una imagen animal y caricaturesca, muy alejada de la realidad clínica y estadística de la violencia sexual. Sugiere una figura monstruosa, ajena a la sociedad, que siempre actúa de forma calculada y estratégica. Sin embargo, la mayoría de los casos de violencia sexual se cometen en contextos cotidianos, por personas conocidas de las víctimas, y rara vez siguiendo una estrategia de caza premeditada. Esta representación oscurece las situaciones de riesgo de la vida real y dificulta la detección temprana.
Esta terminología también plantea un problema para las víctimas. Cuando un niño o un adulto sufre violencia a manos de un ser querido, la imagen del "depredador" puede dificultar el reconocimiento de su experiencia, creando una desconexión entre el discurso público y la realidad vivida. Esto puede llevar a minimizar el abuso o a desvincularse de los mensajes de prevención.
Para quienes han cometido o corren el riesgo de cometer violencia sexual, el término "depredador" es igualmente contraproducente. Los encierra en una identidad inhumana y estigmatizante que no fomenta la concienciación, la búsqueda de ayuda ni les impide cometer o reincidir.
El término "autor de violencia sexual", preferido en el ámbito de la salud y la prevención, se centra en el acto más que en la identidad. Reconoce la gravedad de los hechos, al tiempo que deja abierta la posibilidad de trabajar sobre la responsabilidad, comprender los mecanismos en juego, prevenir la reincidencia y, cuando sea posible, brindar reparación social.
El video enfatiza que nombrar las cosas con precisión no significa minimizar, sino crear las condiciones para una prevención eficaz. Las palabras pueden excluir y cegar, o por el contrario, permitirnos comprender, identificar y actuar. En materia de violencia sexual, la elección de términos tiene efectos concretos en la protección de las personas y en nuestra capacidad colectiva para prevenirla.